

Situación y previsiones en España
La construcción española sigue sin agotar su capacidad de crecimiento
El sector de la construcción continúa ejerciendo una potente influencia en la economía española y a su vez la buena salud de la economía –en términos de mercado de trabajo y de condiciones financieras– estimula a muchos españoles a invertir en construcción, sea como valor de uso o como valor de inversión. Estamos presenciando por tanto como el fenómeno “economía del ladrillo” se está realimentando a sí mismo, aparentemente sin solución de continuidad y sin inmutarse por factores externos –mercado del crudo o balanza exterior– que tanto están afectando a otros sectores de la economía.
El sector de la construcción cerrará el ejercicio 2005 después de haber generado un 4,6% más de valor que en 2004, que de por sí ya había sido un año excepcional. Se cumplen por tanto cuatro años consecutivos con crecimientos anuales entre un 4 y un 5%, habiendo evolucionado claramente por encima de la marcha del PIB español. Para 2006 se podría esperar algo de desgaste, pero sin ser demasiado significativo: un 3,7% de crecimiento, previsión que todavía situaría a España entre los tres países de la Europa occidental con un sector construcción más dinámico, por encima de otros grandes mercados de referencia como el francés, el italiano o el británico. Las previsiones a plazo más largo dibujan un panorama positivo –sigue habiendo crecimiento– pero algo más tibio en tanto que los subsectores de mayor peso específico –residencial e ingeniería civil– podrían haber ya tocado techo.
La hipótesis para el subsector estrella –la edificación residencial– es que el crecimiento puede durar todavía un año más, tras el cual podría aguardar una época de estancamiento, en cuyo transcurso se podría ir satisfaciendo la demanda sin necesidad de crear oferta a los ritmos tan extremos de los últimos años, a través de la recolocación paulatina del aparentemente voluminoso stock de viviendas en manos de inversores. El ritmo al cual se irá produciendo todo ello tiene mucho que ver con el grado de beneficio que el incremento de precios de la vivienda vaya provocando, que por lo pronto continúa tan alto como siempre, aunque con unos primeros y todavía tímidos atisbos de moderación.
El comportamiento de la edificación no residencial a lo largo del 2005 también ha sido ligeramente mejor de lo que se esperaba. A diferencia de lo que pasa en el sector de la vivienda, los vaivenes de la demanda son continuos en este contexto. Oficinas, comercios y logística –por citar tres de las principales áreas de actividad que impulsan a este sector– han entrado en el 2005 con cierta debilidad; el contrapunto ha venido de la mano de la industria y de la promoción pública. La tendencia a medio plazo es de crecimiento muy discreto.
No es ninguna novedad constatar el buen estado de salud del subsector de rehabilitación, si bien en el 2005 se está llegando a una cota de referencia: por cada dos euros gastados en edificación de nueva planta –residencial y no residencial– se está destinando un euro a rehabilitación. El dinamismo del sector inmobiliario tiene buena parte de responsabilidad en el fenómeno: es el llamado “efecto riqueza”, es decir, la percepción por parte de los propietarios de vivienda del incremento del valor de sus inmuebles y la manera en que esto redunda en su confianza como consumidores.
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