

En mayo de 2009 CAM ejecutó la compra de la sociedad mexicana Crédito Inmobiliario, especializada en préstamos hipotecarios.
La caja pagó 145 millones de euros -62 de ellos como ampliación de capital-, por una sociedad que acabó ese año con 120 millones de pérdidas, lo que obligó a la CAM_a inyectar en dos ampliaciones de capital un total de 150 millones.
Sobre esta aventura que le ha costado, de momento, 295 millones, los exconsejeros alegan que la autorizó el Banco de España y que allí también deberían explicar por qué.
La explicación puede estar en el respaldo a la aventura mexicana de la CAM, que de la mano de su participada Hansa Urbana, una de las mayores promotoras alicantinas, lanzó dos proyectos inmobiliarios en Cancún y Baja California -este último, retrasado por motivos medioambientales- por un total de 800 millones de euros.
Hansa Urbana, con la que la caja tiene más de 100 millones de riesgo y en cuyo consejo está la directora general de la entidad, María Dolores Amorós, ha capitalizado recientemente una deuda de 40 millones que tenía con la CAM, a la que a su vez ha comprado su participación en dos sociedades mexicanas, una operación que ninguna de las dos partes ha querido explicar.
La crisis inmobiliaria ha puesto en evidencia otras inversiones fallidas de la CAM en este sector, en muchas ocasiones como promotora además de financiera, como la participación del 20 por ciento en el proyecto Ros Casares Espacios, en Valencia, un parque de oficinas que ha supuesto una inversión de 220 millones y que no acaba de despegar. Su socio es Francisco Ros García, primer ejecutivo del grupo Ros Casares, que acaba de ser nombrado consejero de Bankia.
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