

Rufina López, presidenta de Grupo Integra
El sector inmobiliario está sufriendo una de las mayores convulsiones que se recuerdan. El ladrillo español pasa por un momento muy complicado en el que el mercado ha cambiado radicalmente y las reglas del juego también han dado un giro de 180º en todos los eslabones de la cadena.
Sin embargo la demanda de viviendas sigue existiendo pues sigue habiendo gente que por diversos motivos tiene necesidad real de adquirir una vivienda. Lo que ocurre es que el cliente potencial se ha transformado radicalmente. Se ha vuelto más exigente, analítico y además se encuentra más limitado económica y financieramente.
Esto condiciona el tipo de viviendas a los que los potenciales compradores pueden acceder. El precio, más que nunca, se ha convertido en un factor clave a la hora de dar salida al producto actual. Se demanda vivienda de precio ajustado pero no por ello de menor calidad, a la vez que se abren posibilidades a nuevas alternativas (cooperativas, ventajas sociales, parcelas para construir casas prefabricadas…)
El cambio en la demanda también ha provocado un vuelco en la relación entre promotoras inmobiliarias, el potencial consumidor y las entidades de crédito. Donde antes se compraba, ahora hay que vender, no sólo escuchando las necesidades reales de los clientes sino trabajando con ellos.
Se hace necesario “profesionalizar” al máximo la venta y tener una involucración real en el proceso: hacer comparativa de productos bancarios, tramitar ayudas a la vivienda, gestionar financiaciones, estudiar uno por uno los casos y las necesidades. Esto inevitablemente aumenta los tiempos de venta y ajusta los márgenes.
Pero el factor precio no solo condiciona la salida del producto actual, sino que también influye en la orientación de los nuevos proyectos a corto y medio plazo. Adaptarse a esta nueva realidad no es fácil pero si posible con una gestión minuciosa y soluciones imaginativas.
Si se tiene en cuenta que el precio de un inmueble lo determina en su mayor parte el precio de compra del suelo, solo los proyectos cuyo suelo haya sido adquirido a buen precio tienen posibilidades de reenfocar su producto a la demanda actual.
Pero no basta con eso. Además hay que ser capaz de ofrecer soluciones para solventar la falta de liquidez y a la vez ofrecer un producto realmente atractivo para cualquier comprador/inversor. La cultura del “pelotazo” por parte de toda la cadena incluida el comprador, usuario y el inversor, forma parte del pasado.
Ahora las operaciones se deben basar en acuerdos entre empresas, no tanto en un único promotor que acomete un proyecto en solitario pues no es posible pensar en grandes financiaciones por parte de la banca para sacar adelante los proyectos.
Los problemas de financiación que determina la actual coyuntura económica obligan a las empresas a adoptar medidas alternativas . Se hace necesario utilizar fórmulas distintas a las tradicionales en épocas de auge, proyectos en cooperativa y colaboración entre actores tipo trueque, que permitan paliar la falta de financiación y concluir con éxito cualquier iniciativa
El sector inmobiliario debe evitar la parálisis y reactivar el mercado lo antes posible para que las entidades financieras recuperen la confianza y en esta cadena todos tienen su papel y sus protagonismo a la vez que se hace necesario un compromiso real por parte de todos los que participan en él: propietarios de suelo, desarrolladores, constructores promotores..
Las instituciones públicas deben colaborar agilizando los trámites en la medida de lo posible, para no frenar los pocos proyectos que se ponen en marcha y que pueden generar de nuevo riqueza y empleo
El propietario de suelo en seguir poniendo a disposición de los desarrolladores suelo para nuevos proyectos, en un momento en que pocas empresas están dispuestas a acometerlos a la vez que esto le permite generar liquidez para su propia economía
El desarrollador que está dispuesto a acometer nuevos proyectos, debe adaptarlos a la realidad actual con soluciones imaginativas y colaboración
Las instituciones financieras deben estudiar cada caso y evitar la generalización y penalización al sector en su totalidad
Los constructores y promotores deben comprometerse de verdad con los proyectos dando cabida a nuevas fórmulas de colaboración para poder seguir trabajando
Ha terminado el tiempo del YO y ha empezado el tiempo de NOSOTROS lo que quiere decir que a falta de financiación bancaria, los propietarios de suelo, los desarrolladores, los promotores, etc necesitan alcanzar acuerdos y compromisos de participación para llevar a buen puerto los proyectos, porque de lo contrario, no se desarrollarán proyectos
No existen fórmulas mágicas. Para remontar la única vía posible es el esfuerzo y sobre todo la colaboración real por parte de todos los eslabones de la cadena. Solo las empresas que sepan adaptarse a esta nueva realidad, tendrán alguna opción para superar, no sin dificultades, este periodo y salir reforzadas para el futuro.
Rufina López
Presidenta de Grupo Integra
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