

La morosidad ha alcanzado en España la cota más alta de la última década., según datos difundidos por el Banco de España.
Desde 1999, el agujero de los impagos no había reflejado una hondura tan negra -o mejor dicho, roja, igual que sus números- como la presente, alcanzando el 1,61% y superando así casi en un punto la tasa de junio del año pasado, cuando aún lindaba mínimos históricos.
En esta escena actual, en la que las cajas de ahorros parecen llevar la peor parte, con sus créditos morosos subiendo a los 16.634 millones de euros, una cifra apabullante, el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, ha salido de nuevo a atemperar el vértigo de los números y ha lanzado el mensaje de que el sistema financiero español goza de la solidez suficiente para hacer frente a cualquier apuro porque está dotado -asegura- de las reservas necesarias.
Cabe esperar que así sea, y que la lectura del ministro, y por extensión la del Ejecutivo, de estos datos no esté hecha desde el exceso de optimismo que Moncloa ha destilado en otros momentos de la crisis económica.
Frente a su tesis, está la de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros, que advierte que la tasa de morosidad podría cerrar el año entre el 3 y 4%, un repunte que sacaría a flote la existencia de hipotecas subprime españolas.
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