

La venta masiva de las participaciones de la banca en las principales inmobiliarias españolas fue el aviso y preludio del pinchazo de su burbuja.
En los últimos años, La Caixa hizo caja con la venta de Colonial, el Sabadell con Landscape, Caixa Catalunya con Riofisa, Banesto con Urbis y Caja Madrid con Realia, a la que sacó a bolsa. Todas estas operaciones siguieron a las desinversiones de los dos grandes grupos bancarios españoles, Santander y BBVA, que se desprendieron de sus participaciones en Vallehermoso y Metrovacesa, respectivamente, en el año 2002.
La constatación del cambio de ciclo llegó el año pasado, tras el batacazo bursátil de Astroc, hoy Afirma. Y la puntilla definitiva a un sector que ya no vendía como antes fue la restricción crediticias que siguió a la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos en agosto del 2007. En octubre, la valenciana Llanera suspendía pagos, y los bancos y las cajas cerraron definitivamente el grifo al ladrillo. Quizás era su única salida, pero un año después esta práctica parece que se les ha vuelto en contra.
El problema no está en la asunción de nuevos riesgos con el inmobiliario, sino en la digestión de los antiguos. Inicialmente, las refinanciaciones de la deuda de las empresas fue la panacea. Pero la caída de Martinsa Fadesa y la certeza de que casi nadie podrá pagar sus astronómicos créditos han hecho cambiar de idea. En los últimos meses, la banca opta más bien por vender sus carteras de préstamos con descuento a terceros o asumir los activos que garantizan la deuda a cambio de la amortización de ésta.
"La banca anglosajona suele reconocer sus errores, provisiona de golpe sus fallidos, saltan sus directivos y dispara sus pérdidas a corto plazo cuando vienen mal dadas. Luego, con el tiempo, afloran grandes beneficios extraordinarios. Aquí no, y a los directivos les preocupa más salvar sus resultados y mantener las cotizaciones en bolsa, con lo que hacen todo lo posible para salir bien en la foto". Quien así habla es un consultor especializado en finanzas, asustado por la deriva de los últimos acontecimientos.
Habitat, Reyal Urbis y Colonial, entre otras grandes inmobiliarias, consiguieron acuerdos para alargar el plazo de pago de su elevada deuda, como también lo hizo Martinsa Fadesa antes de suspender pagos. Otra cotizada, Renta Corporación, logró firmar un waiver - literalmente, excepción- con los bancos de su crédito sindicado hace sólo diez días.
Pero esto no es lo normal en estas fechas. El pasado 8 de agosto, el Banco Pastor se quedó con una promoción y una finca en Vilafranca del Penedès que pertenecían a Les Masies de Llavaneras, una pequeña y desconocida inmobiliaria catalana. Y no lo hizo por gusto. La entidad gallega asumió esos activos como cobro amistoso de un crédito hipotecario por valor de 6,5 millones de euros. La compañía ya ha presentado concurso de acreedores - aunque aún no está declarado por el juez- y el banco prefiere hacer las veces de inmobiliaria que incrementar aún más sus dotaciones y disparar su morosidad.
La citada operación del Pastor tiene múltiples réplicas entre sus competidores - bancos y cajas- por toda España. Caixa Catalunya también se ha quedado con algunas viviendas de Les Masies de Llavaneras a cambio de amortizar su deuda. Y este caso, minúsculo dentro del activo de la caja, no es ni mucho menos el único ni el más importante. En las últimas semanas, Caixa Catalunya ha asumido promociones y terrenos de Fbex por valor de unos 100 millones de euros. ¿El motivo? El mismo que ha llevado a Banesto a formar una sociedad con Reyal Urbis que se dedicará a comercializar viviendas de la inmobiliaria. Es la hora de aguantar el tipo. Pero algún día habrá que sanear.
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