

Los promotores ven en este sistema una salida a la situación que sufre el sector y, sus clientes, una alternativa a la escasez de recursos disponibles
La última fórmula que empiezan a experimentar empresas el sector inmobiliario pasa por poner en el mercado viviendas de nueva construcción para alquilar pero con opción de compra posterior.
El promotor destina todo un inmueble o una parte del mismo a clientes que quieren hacerse con la propiedad de un piso pero temen quedar asfixiados al tener que abonar una fuerte cantidad a la entrega de llaves y hacer frente a continuación a la hipoteca. O bien, dudan si el trabajo conseguido se mantendrá a medio plazo.
Ante la citada situación, la empresa promotora les ofrece un contrato por el que las rentas mensuales que se abonen de alquiler pasan a engrosar una suerte de bolsa que se acumula por un periodo que oscila entre los dos y tres años. Al término de este tiempo, si el inquilino decide quedarse con la vivienda, tendrá acumulada una importante cantidad de dinero. Además, el promotor le respetará el precio que el piso o la casa tenía cuando firmó el contrato, por lo que los beneficios saltan a la vista.
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