

Este tipo de aseguradoras nacieron en EEUU y Reino Unido, y su mayor virtud es que permiten abaratar el coste de financiación para una institución que quiera realizar una emisión de bonos con las que financiar una determinada inversión.
A cambio, la aseguradora en cuestión cobra una prima cuya contrapartida es, precisamente, su máxima calidad crediticia (AAA). La ventaja para el emisor es que con ese nivel de solvencia, podrá pagar menos rentabilidad. Se ahorra dinero, mientras que el comprador logra un activo con la máxima garantía.
Estas entidades están bajo el filo de navaja tras la decisión de la agencia de calificación de riesgos Fitch de degradar la solvencia de Ambac Assurance Corp., una de las dos primeras compañías del sector a nivel mundial. Los mercados temen que la pérdida de la calificación triple A, la más elevada, arrastre a otras compañías, y por ende al sistema financiero estadounidense, provocando una crisis sistémica de consecuencias incalculables.
Aunque el capital de estas compañías es pequeño respecto del conjunto del sector, su importancia estratégica se deriva de que han asegurado operaciones por valor de miles de millones de dólares sin contar con el capital suficiente para hacer frente a posibles impagos por parte de sus clientes, principalmente los emisores de bonos corporativos. Pese a ello, han obtenido la célebre triple A por parte de las agencias de calificación, lo que les ha permitido ensanchar su negocio. Al menos hasta el pasado viernes, en que su actividad empezó a ser mirada con lupa por Wall Street.
No se trata, desde luego, de un asunto baladí. Según algunos estudios, una caída del 1% en el precio de los bonos asegurados (cuyo precio evoluciona en sentido inverso a la rentabilidad) daría lugar a unas pérdidas de 10.000 millones de dólares en el valor de la cartera de los tenedores de esos activos, principalmente los bancos estadounidenses.
Muchas entidades financieras -y particulares- han adquirido esos bonos con la confianza de que se trataba de activos extraordinariamente solventes al estar avalados por la triple A, pero lo cierto es que su situación patrimonial no bastaría para hacer frente a una cadena de impagados, y de ahí la inquietud de los mercados.
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